El extraño torneo uruguayo de 1986

En estos tiempos en los que una pandemia nos obliga a ver resúmenes de partidos de Nicaragua o Bielorrusia, vamos con una historia que ocurrió en un país igual de extraño: Uruguay, la tierra donde el primero no es el campeón.

Primero, para ponernos en contexto, debemos decir que los clubes uruguayos pasaban un delicado momento económico en 1986. Y si eso afectaba a Nacional y a Peñarol, imaginen lo que sería con el resto de los equipos de este país. El mercado de pases tenía poco para ofrecer y al Carbonero solo llegó Diego Aguirre, proveniente de Liverpool, que en ese momento estaba en la segunda categoría. En palabras del que tendría un papel algo relevante tiempo después:

“Peñarol me llevó como una apuesta a futuro, pero rápidamente me adapté, me sentí muy bien y comenzamos ese año de buena forma. Que no se hubiera reforzado me daba más chances de tener oportunidades de jugar y se apostó a un equipo de juveniles por los graves problemas económicos que había en el club. Nos estuvimos entrenando solos. Nos juntábamos en el Prado, o cerca del Estadio para entrenar entre nosotros. Hubo dificultades. También hicimos una gira por el interior de Argentina. Jugamos dos partidos para poder cobrar un dinero para que los jugadores pudieran recibir algo”.

Vale decir que este torneo enfrentó a trece equipos, en dos ruedas todos contra todos. Participaron Nacional, Peñarol, Central Español, Wanderers, Bella Vista, Progreso, Huracán Buceo, Defensor, Danubio, Cerro, Rampla Juniors, Fénix y River Plate. Vale mencionar que esos inconvenientes económicos mencionados anteriormente tuvieron su repercusión en la primera fecha: tanto Nacional como Peñarol estaban inhabilitados para jugar por las deudas, aunque los primeros tuvieron la suerte de tener fecha libre, mientras que los segundos perdieron los puntos contra Huracán Buceo. Como las deudas fueron saldadas en el transcurso de la semana, ambos equipos continuaron con su vida normal, pero con una distancia de dos unidades que sería imposible de saldar.

Para tratar de solucionar la quita de puntos al Manya, los directivos de ambos clubes se pusieron de acuerdo en que si su rival de toda la vida terminaba el torneo con uno o dos puntos de ventaja sobre Peñarol, debería decidirse el campeonato con una final entre sí en el Estadio Centenario, como una especie de pacto de caballeros. Y sí, obviamente terminó ocurriendo. Si bien el Bolso llegó a la recta final del torneo con siete puntos de ventaja, el equipo no la pudo sostener hasta terminar perdiendo en la última jornada contra Huracán Buceo, que ante los grandes tuvo sus actuaciones más destacadas, para compensar un magro séptimo puesto. Producto de esa caída, Nacional terminó primero con 35 unidades, seguido de Peñarol (que le ganó con lo justo a Danubio, 1-0), con 34. Se venía la final. Claro que una cosa era proponerlo caballerosamente en la primera jornada y otra era afrontar el costo de la promesa, porque los dirigentes del Tricolor quisieron reclamar el título y los futbolistas pidieron el dinero que les correspondía por el título, propuestas que terminaron desvaneciéndose en el aire. Como para agregarle otro dato de color a todo este asunto, ya se estaba terminando el año, por lo que se estipuló que ese partido tan importante para el torneo de 1986 se jugara el 6 de enero de 1987.

Del partido en sí se puede decir poco y nada, porque fue un 0-0 de esos que uno no quisiera ver ni en la abstinencia futbolera que provoca una cuarentena. El que casi cambia la historia fue Juan Ramón Carrasco (goleador del torneo junto a Gerardo Miranda, con 11 goles), que en el último minutos del alargue se fue solo con pelota dominada, pero que al momento de definir hizo una de más y terminó todo en un insípido saque de arco. Y llegó entonces el momento de los penales. La tanda fue pareja, llegando 3-3 al último penal. Un joven Gustavo Matosas tenía la oportunidad de darle el título a Peñarol y terminó cumpliendo, engañando al arquero y desatando una carrera al festejo y el recuerdo eterno. Ese 4-3 definitivo le terminó dando el título al segundo de la tabla, que sumó en ese entonces su 38° estrella.

Pero los males del Bolso no terminaron ahí, no señor. Posteriormente se jugó la Liguilla Pre-Libertadores, que reunió a los ocho mejores equipos del torneo, divididos en dos zonas, de los cuales los dos primeros de cada una jugarían un cuadrangular y los dos que más puntos sacaran irían a la Libertadores de ese año. Los que obtuvieron ese premio fueron Peñarol y Progreso. ¿Nacional? Quedó eliminado en la Zona A por diferencia de gol. Pasando en limpio, en un par de meses pasaron de ser los campeones a ser campeones morales para finalmente quedar afuera de la Copa. Un semestre para olvidar. Y ni hablar si contamos lo que ocurrió en la vereda de enfrente, con Peñarol ganando su quinta Libertadores frente al América de Cali con un gol agónico de Diego Aguirre, el único refuerzo de ese pobre mercado de pases de 1986.

En otra oportunidad se podrá narrar esa gesta del aurinegro con lujo de detalles, que ya es otra historia.

Fuentes y fotos: 1, 2, 3, 4, 5.

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