La figura del clásico platense

En unas horas se juega el clásico platense entre Estudiantes y  el Gimnasia de Diego Maradona. Por eso vamos con una pequeña historia de la época amateur de este duelo.

Esta historia ocurrió en la década del ’20, poco tiempo después de aquellas historias románticas de inicio de siglo cuando los grupos de jóvenes se juntaban en una casa, decididos a crear un club de foot-ball. Tiene como protagonista a Raúl Echeverría. El Vasco, como se lo conocía, nació en 1900 en la ciudad bonaerense de Ranchos, al igual que otro bien conocido por el pueblo pincharrata: el Tata Brown.

En la vieja cancha de 1 y 57, el insider izquierdo llamó la atención con sus goles y sus buenas actuaciones, siendo convocado por la selección argentina, en tiempos donde los de Boca o River eran los menos de un plantel con jugadores de Estudiantil Porteño o Gimnasia de Mendoza.

Con la albiceleste jugó el Sudamericano de 1920. En Viña del Mar, el Vasco se dio el gusto de marcar el primer gol de Argentina en el torneo, en el 1-1 contra Uruguay y uno en la victoria por 2-0 ante Brasil, en el partido que le dio el subcampeonato a Argentina. Después fue figura en otro partido contra Brasil, un amistoso en Buenos Aires donde en la víspera del juego salió una viñeta algo (?) racista, donde mostraban monos vestidos de futbolistas y expresando que para verlos había que prender las luces a las cuatro de la tarde (!!).

Algunos brasileros decidieron no presentarse, pero siete players si lo hicieron, argumentando que el partido era en beneficio de un Asilo de Huérfanos. En reemplazo de los faltantes jugaron el jefe de delegación de Brasil y algunos argentinos que habían ido a ver el partido. Finalmente terminaron jugando 7 vs 7, en dos tiempos de 30 minutos. Argentina ganó 3-1. Abrió el marcador Castelhano para la visita, en tanto que Echeverría lo dio vuelta a los 9 y a los 15 minutos. En el complemento, Fausto Lucarelli puso cifras definitivas.

Pero la historia que nos reúne hoy ocurrió el 22 de agosto de 1926, cuando se jugó entonces el primer clásico en el Bosque (enfrentamientos que tenían menos de una década de historial), correspondiente al torneo de primera división de la Asociación Amateur. Gimnasia formó con Scarpone; Felices, Bulla; Elú, García, Alustiza; Curell, Zoroza, Marinoni, Bacchi y Morgada. Estudiantes lo hizo con Scandone; Calandra, Tettamanti; Croce, Pascale, Viola; Calabrese, Bellomo, Ferreira, Echeverría (anteúltimo de los agachados) y Gamoy.

El Vasco a los dos minutos de juego, mientras que a los cuatro apareció Zoroza para igualar las acciones. Luego, el oriundo de Ranchos marcó el segundo y puso cifras definitivas para el 3-1, con el que cortó una racha de varios años de igualdades en el clásico platense. Con esta actuación histórica, Echeverría consideró que había tocado el cielo con las manos. En seis años de carrera, jugó más de cien partidos con Estudiantes y una decena con la selección, donde cosechó un título continental. Por eso, pese a tener 26 años, decidió dejar la actividad después de su gran papel en el clásico, aduciendo que no encontraba motivaciones para seguir (!). Solo jugó dos partidos más ese año, terminando como el goleador del equipo.

Fue uno de los retiros más curiosos en una época en la que se nota el amateurismo. Habría que ver si unos años después, ya hablando con el vil metal en la mano, un deportista hubiera sido capaz de tomar semejante decisión tan desbordada de romanticismo.

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