La agónica final de la Libertadores de 1987

Ayer se cumplieron 32 años de este momento, uno de los más épicos de toda la historia de la Copa Libertadores: el gol de Diego Aguirre de  Peñarol a América de Cali a los 120 min del tercer partido de la final de 1987.

El favorito al título de Libertadores de ese año era América de Cali por llegar ya a su tercera final y sobre todo por nómina, plagada de varios cracks con mucha calidad y experiencia en partidos jodidos. 
Peñarol, en cambio, mostraba mayoría de jóvenes (20 a 23 años) con algunos veteranos como Pereira, Trasante o Viera. Eran un equipo muy jodido, poco vistoso pero peligrosísimo al contragolpe.
De hecho accedieron a la final tras ganarle a dos pesos pesados en su grupo semifinal: River e Independiente, incluyendo un paseo memorable en Avellaneda.
La ida de la final fue ampliamente favorable a los caleños, con un 2-0 que se quedó corto por la superioridad mostrada esa noche en el Pascual Guerrero:

En la vuelta en el Centenario a Peñarol le bastaba ganar para forzar desempate (no aplicaba el GD). El partido iba 1-1 cuando, al minuto 87, un jovencito Jorge Villar empata con un golazo de tiro libre que manda la definición a Santiago. Acá el momento del 2-1, algo minimizado en el recuerdo (solo algo) por lo que pasó en Santiago días después

Para la final en Santiago del 31 de octubre de 1987 la ventaja igual la tenía América: por reglamento si había empate en el tercer partido ahí sí aplicaba la diferencia de gol. No era regla nueva, así quedó por ejemplo Paraguay campeón de América en 1979 (3-0 ida, 0-1 vuelta y 0-0 el desempate en el Amaflitani). La final fue bastante cerrada, pero en general fue América el que tuvo más opciones, manejo y peligro. Pero el partido, tras 90 min + 30 de suplementario, moría y ya los de rojo esperaban el pitazo final para celebrar…
A los 120 min del partido, con los pocos hinchas colombianos en Santiago gritando “Campeón, América, campeón” hubiese sido una lástima que les aguaran la fiesta… y adivinen qué pasó.

Diego Aguirre, con 22 años recién cumplidos, que había anotado el primer gol en Montevideo, anotó uno de los tantos más épicos de la Libertadores en toda su historia.
América se graduó de cagón eterno continental y el jovencísimo Peñarol llenó aún más de gloria su historiaAl América le quedó el consuelo de ser considerados los ganadores morales para, ehhh, nadie…
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