Breves apuntes sobre el Maracanazo

El 16 de julio de 1950 se jugó uno de los partidos más recordados en la historia de los mundiales: el Maracanazo, por eso un pequeño recuerdo al respecto.

Si bien el mundial tuvo una ronda final de cuatro equipos todos contra todos, el último partido fue una final en serio. Brasil era favorito (había vencido a Suecia 7-1 y España por 6-1), mientras que Uruguay llegaba un punto abajo (2-2 contra España y 3-2 a Suecia). El local necesitaba un empate para ser campeón, con lo cual la prensa brasileña ya casi que daba por descontado el festejo alocado de esa tarde (Spoiler: no pasó).
Las historias abundan: que los diarios de Rio ya tenían sus tapas impresas celebrando el triunfo; que ya habían acuñado monedas con los nombres de los futbolistas locales y que la banda de músicos que debía tocar el himno del ganador no tenía la partitura del himno uruguayo.
Ya en el partido, Brasil presionó y tuvo varios intentos frente al arco defendido por Roque Máspoli. Si bien el empate les servía, a los dos minutos del complemento fue Friaça el que marcó el primer gol.
En medio de la algarabía brasilera, empezó el mito de Obdulio Varela, enfriando el partido:
Momentos después, a los 21 minutos, Ghiggia escapó por derecha y le permitió a Schiaffino que igualara las acciones.
Y en el minuto 34, Varela tocó para Ghiggia, este para Julio Pérez, quien se la devolvió. Ghiggia superó a Bigode y el arquero Moacir Barbosa tuvo el gesto de dar un paso al medio, como en el primer gol, regalando el primer palo. Con ese gol, Uruguay enmudeció el Maracaná y se quedó con una copa que en la previa ya tenía un destinatario claro.
Barbosa fue considerado el mejor arquero de la historia de su país, multicampeón con Vasco. Fue culpado por la derrota y considerado mufa, como la vez que le prohibieron la entrada a la concentración de la verdeamarela en Estados Unidos ’94. El mismo arquero contó la historia de la vez en la que una mujer lo señaló en la calle y dijo “Mira, hijo mío, ese es el hombre que hizo llorar a Brasil”.
El otro apuntado fue Bigode, el lateral izquierdo que tenía la misión de anular a Ghiggia. “Pensé en la muerte, era lo mejor para mí. Pero entonces me dije que, incluso muerto, la gente hubiera continuado odiándome” dijo en el libro Maracanazo, de Teixeira Helder.
Estos son los goles del recordado Brasil – Uruguay, el #Maracanazo:

De hecho, durante mucho tiempo se asoció al cambio de colores en la camiseta de Brasil a esta derrota, como se explicó acá.
Finalmente Jules Rimet -que tenía un discurso para el campeón en portugués-, hizo entrega de la copa a Obdulio Varela de un modo extremadamente informal.
Este es un muy buen texto sobre la noche del capitán uruguayo, que “pasó la noche abrazado a los vencidos”, como le dijo a Eduardo Galeano.

 

 

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