Una historia de tánganas, escritoriazos y árbitros agredidos: la Copa América de 1953

Esta semana que ya estamos a full en mode_Copa-América_on, recordaremos una edición que quedó marcada en la historia no solo por ser el primer título de los paraguayos en cualquier cosa sino por haber sido testigo de partidos con tánganas épicas, de esas que uno lee y se emociona y grita “¡Viva mi raza americana, carajo!”. Hablamos de la Copa América de 1953 en Perú, cuyo recuento te contaremos por acá.

La Copa América de 1953

El Estadio Nacional de Lima el día de su inauguración en 1952. Originalmente se iba a inaugurar para la Copa América del siguiente año, pero el dictador Manuel Odría no se aguantó las ganas y se adelantó…

Este dato que vamos a tirar acá te dará una medida de lo venerable que es la Copa América: cuando apenas estaban dándose los preparativos para la quinta edición de la Copa del Mundo de Fútbol en Zürich, por este lado del charco la gente ya estaba vibrando con la vigésimo segunda edición de la Copa América – en esa época Campeonato Sudamericano de Naciones -, a disputarse en Lima (Perú) entre el 22 de febrero y el 1 de abril de 1953. Al certamen confirmaron su participación siete seleccionados de Sudamérica: declinaron Colombia – supongo por temas organizativos / federativos / de billete -, Venezuela – no reunían aún once tipos que supieran jugar al fútbol – y la ausencia más rutilante, Argentina.

El torneo originalmente iba a ser realizado en Asunción, pero por las deficiencias logísticas de la capital paraguaya los dirigentes guaraníes – nos imaginamos a un ya senil y con el cabello tinturado Nicolás Leoz presidiendo marcialmente las reuniones – desistieron a ser la sede y cedieron el honor a la en ese entonces pueblerina y provinciana Lima.

Con la ausencia de los argentinos los favoritos al título pasaban a ser los campeones sudamericano y mundial vigentes: Brasil y Uruguay. Los brasileños estaban en pleno proceso de reconstrucción luego del tremendo vergazo que les espetó en la cara la Celeste en el Maracaná tres años antes. Para su primer torneo importante después de ese partido, asistieron con una mezcla de veteranos de esa famosa tarde de Rio (como el goleador Ademir, el mítico Zizinho, Danilo y hasta el señalado portero Barbosa) y recientes convocados, entre ellos algunos futuros campeones mundiales en 1958 y 1962 (Didí, Djalma Santos, Gilmar y Nilton Santos). Pero en general estaban en plena transición y con más problemas que soluciones, como los gobiernos de derecha sudamericanos (y los de izquierda. Y los de centro). De hecho aún no se decidían a usar del todo su tradicional uniforme blanco – señalado como mufa por lo del Maracanazo – y jugaron con su alternativo todo de azul durante la mayoría de sus partidos (recién un año después adoptarían definitivamente la verdeamarelha). Los uruguayos venían debilitados por la ausencia en su convocatoria de los jugadores de Peñarol, base del seleccionado y del que hubieran llegado leyendas como Obdulio, Roque Máspoli, Juan Schiaffino Oscar “Cotorra” Míguez. Pero de todas maneras eran las máximas potencias del continente detrás de Argentina y tenían el favoritismo de la frondia prensa de esos años.

Brasil antes de su partido ante Ecuador, con su uniforme azul oscuro – azul claro pre-verdeamarelha. El portero es el famoso Barbosa, en su regreso post-Maracanazo. Sería su último partido con su selección (Fuente)

Muy detrás de la opinión de la prensa, pero en el tope de las consideraciones de la pintoresca afición local estaba la selección peruana. Para la hinchada inca, desde esos tiempos igual de ilusionada fácil que lo que es hoy, el equipo de la franja era el favorito a quedarse con el título por la presencia de jugadores como Alberto “Toto” Terry, Vides Mosquera, “Huaqui” Sánchez y “Tito” Drago. ¿Cómo así que ustedes no los conocen? Menos mal, pensaba que éramos solo nosotros… Pero en esos lejanos tiempos para la ingenua afición limeña contar con estos jugadores – figurones de Universitario, Alianza y otros grandes del país – era como tener a Paolo Guerrero Claudio Pizarro, pero la realidad era que estaban más cerca de comparaciones con Darío Muchotrigo y Luis Guadalupe.

Y ahí, calladitos, alejados de las luces y de los relámpagos de magnesio de la prensa, estaba Paraguay, que venía de ser dos veces consecutivas subcampeones sudamericanos con muchos méritos: en 1947 detrás de Argentina y en 1949 de Brasil. Particularmente esta ultima edición fue dolorosa por la sensación de gesta inconclusa que se tuvo, coronada por el bajonazo final: los paraguayos forzaron un playoff por el título contra Brasil al ganarles a ellos en la propia Rio de Janeiro en la última fecha del torneo, y así empatarlos en puntos (los locales con el empate eran campeones: comenzaron ganando el partido pero los visitantes le dieron vuelta en Rio… ¿a qué les suena?). Pero en el desempate los brasileños se mosquearon y aplastaron a los guaraníes por 7-0. Total que para 1953 los de la albirroja no eran ningunos aparecidos, y aunque no contaban con jugadores de talla mundial, conocían bastante del asunto como para amargarle el rato a cualquiera.

Pero la principal arma de los paraguayos la tenían en la banca con la mítica conducción de una leyenda del fútbol sudamericano de todos los tiempos: Manuel Fleitas Solich, protagonista con su selección desde exactamente el minuto cero de su participación en Copas América: hizo parte como jugador del debut de la albirroja en 1921. Además contaba con muchos años encima como su director técnico (comenzó a dirigir en la copa de 1922 y terminó en 1953 para un total de trece campeonatos y 57 partidos). Don Manuel sabía que los suyos eran buenos y tenían garra y voluntad, pero no eran mejores técnicamente que los brasileños o uruguayos, por lo que desde tres meses antes del inicio del torneo se concentró con veintidós convocados en el estadio de Puerto Sajonia – el mismo que hoy conocemos como Defensores del Chaco – a matarlos a gimnasia y fútbol y correr y sacarse la bilis mañana y tarde, en medio de un calor de mierda que los obligaba a dormir en las noches en la cancha al aire libre (!). Todo un adelantado, Fleitas Solich en darle la importancia debida al entrenamiento físico.

Don Manuel Fleitas Solich

Con estos participantes, más las habituales comparsas Ecuador, Bolivia y Chile comenzó el torneo el 22 de Febrero en un renovado Estadio Nacional. Ese año el país sede estaba inmerso en plena dictadura del siniestro general Manuel Odría, que como suele suceder en casos así gastó sin dudar parte del erario público para que la gente se drogara con el fútbol y no pensara en la represión reinante, los presos políticos, la corrupción y otras nimiedades parecidas. En parte por esto, la prensa escrita y radial se encargó de machacar sistemáticamente a la adición con millones de noticias del antes y durante el torneo, de tal modo que para el partido inaugural entre Perú y Bolivia la hinchada asistió masivamente al estadio y lo llenó hasta que no le cabía un grano de arroz parado. Pero el debut terminó en una sonora decepción para los locales, que vieron a los suyos perder 1-0 con la horrible selección del Altiplano. Tres días después debutaron tanto los paraguayos con victoria 3-0 ante Chile en el mismo estadio Nacional (que de hecho fue la sede de todos los partidos del torneo), como los uruguayos ganándole 2-0 a Bolivia. Brasil lo hizo recién el 1 de Marzo ante la pobre Bolivia clavándole un vergazo en forma de 8-1.

La copa Tángana 1953

El torneo transcurrió sin inconvenientes ni líderes categóricos, pues el que ganaba hoy en el siguiente partido cedía puntos y todos estaban arrejuntados en el mismo lote. Hasta que llegó el 8 de marzo y con él el partido entre Perú y Paraguay. Los locales después de la pifiada contra Bolivia le ganaron con muchísima hambre a Ecuador por 1-0 y empataron sin gloria ni goles ante Chile; los guaraníes después de su convincente victoria en el debut se habían desinflado inesperadamente con un 0-0 ante Ecuador. Así que ambos equipos venían con ganas de revertir la situación, pero sin duda los locales eran los que estaban más presionados por los resultados previos ante los equipos más débiles, y por la necesidad de sumar precisamente ante los rivales más fuertes en los compromisos que le quedaban (Paraguay. Brasil y Uruguay). El público acompañó en masa a su selección a pesar de tanta decepción seguida…. pasa que uno en el fútbol y en el amor es así de masoquista, ¿vio?

Comenzó el partido y los locales se fueron encima buscando la ventaja, pero los guaraníes aguantaban bien imponiendo su físico sobre los ágiles pero blanditos peruanos. Antes de los 15 minutos el defensor guaraní Maciel sacudió con bastante, eh, consideración al delantero peruano Alberto “Gringo” Terry, o como dicen literalmente las crónicas peruanas “el grandazo Maciel había samaqueado a Terry” (!!!), y a este punto el juego se empezó a poner más pesado y cortado. Aquí es cuando las versiones difieren depende de quién las cuenta: según las los paraguayos…el cuadro paraguayo fue miserablemente bombeado por el árbitro inglés que dirigió el partido, el tristemente célebre Robert Maddison“. Pero los peruanos no mencionan esto, sino que se centran en jugadas como “el fortachón Gavilán sorprendió al polluelo (!!) Terry y le aplicó un soberano cabezazo en la nuca”. Lo que interpretamos de ambas versiones es que los dos equipos se dedicaron a darse pata con saña y rigor y al vigilante de turno se le salió el partido de las manos; y fue así como se repitieron cada vez con más frecuencia las faltas no cobradas, los fuera de lugar mal aplicados y el exceso de rigor para alguno de los dos lados. Así iban las cosas cuando a los 22 minutos el peruano Terry puso el 1-0 y el público que se moría de la emoción.

El primer gol de los peruanos esa noche de Lima. Sufren los paraguayos y su portero extrañamente vestido con piyama (Fuente)

El partido continuó en medio de discusiones y la piernita levantada más de la cuenta, como contó muchos años después el jugador paraguayo Robustiano Maciel “Nuestro equipo no podía jugar, [el árbitro] nos cobraba de todo: faltas inexistentes, posiciones adelantadas inventadas, amenazas que no entendíamos pero que por sus gestos suponíamos que nos iba a expulsar (…) terminaron por ponernos nerviosos e impotentes”. Quién sabe cómo sería exactamente el cuento, lo cierto es que promediando el primer tiempo se lesiona el portero visitante Riquelme en un fuerte choque contra el peruano Navarrete, por lo que es sustituído por el suplente Rubén Noceda. (por esos tiempos y en ese torneo se permitían sustituciones desde la edición de 1935)

Con un ambiente en tensión creciente por las decisiones (o falta de) arbitrales, el guaraní Fernández empató antes de terminar el primer tiempo aprovechando que entre los defensores peruanos le hicieron el pasillo de honor a un balón cruzado en su propia área. Con la misma atmósfera cargada comenzó el segundo tiempo, y los ataques y contraataques iban y venían de ambos lados. Faltando 15 minutos el peruano Villamares pone el 2-1 que desató el delirio y ponía a los guaraníes contra la pared. Hasta que… faltando 10 minutos sobrevino la hecatombe: los paraguayos se fueron arriba con todo buscando el empate, y en una de esas el delantero Rubén Fernández se inventó una jugada digna de Messi (cuando juega de azulgrana); se sacó tres jugadores y al arquero peruano, y cuando iba a rematar en el arco vacío para el empate… suena el silbato del juez Maddison (inglés como todos los árbitros del torneo) cobrando no se sabe qué (parece que falta en ataque) e invalidando la jugada. ¡Y ahí se desató el mierdero! Todos los paraguayos se le fueron encima al juez Maddison, que todo aturullado trataba de protegerse de esos sudamericanos furibundos que le reclamaban/puteaban en español y guaraní, y qué iba a hacer el vigilante de negro sino encerrarse en su decisión, si no entendía español, ahora guaraní…

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El juez Maddison mira las acciones en el partido antes que se le escapase de las manos…

Y con la discusión en pleno furor, solo hacía falta la intervención de algún cabeza de balín para terminar de mandar todo al carajo. Como el delantero paraguayo Milner Ayala, que se metió tremendo pique de 50 metros para coronarlo con una feroz patada sobre el árbitro inglés (!!). Lamentablemente no hay registro fílmico de la hazaña, pero lo que sabemos es que ante este aporte a la discusión se formó la inevitable tángana entre jugadores en el campo de juego. El público, mientras tanto, protestaba airadamente por el hermPERDÓN bochornoso espectáculo y expresaba su descontento lanzándole a los jugadores guaraníes botellas vacías de gaseosa y cascotes varios de origen desconocido. Ante esta situación el defensor guaraní Alejandro “Arpa Forro” Arce decidió intervenir e hizo lo que consideró más adecuado para calmar a la gente: agarró una botella y se la tiró de regreso al público (!). Se formó una estampida (afortunadamente sin consecuencias) y se multiplicaron los pedidos de sangre guaraní. Un caos total.

Mientras el juez inglés, molesto por la agresión había dado por terminado el partido y ya se había ido raudo a su vestuario. Las crónicas peruanas insisten en que “…había una realidad: los paraguayos se negaron a jugar y los peruanos se marcharon a su camarín a festejar el triunfo”; los paraguayos se saltan ese punto e insisten que el juez simplemente se fue. El caso cierto es que los 25 cristianos dentro de la cancha se fueron al vestuario y hasta se ducharon, dando ya por concluída la historia con un 2-1 a favor de los incas. Pero de repente apareció de la nada un delegado de la selección peruana para convencer al árbitro inglés que reanudara el partido, y para obligar a los jugadores a volverse a cambiar y retornar a jugar los diez minutos restantes (!!!). Un genio hiperbólico el dirigente peruano, pero hay que decir también que el público del Nacional también presionó para que se jugara el resto del cotejo, coreando al unísono “otro gol, otro gol” (!!!). Decirles zonzos es poco para estos agüevados, porque en la reanudación los paraguayos empataron – ayudados por un error del arquero local – y el marcador no se movió más. 2-2 y ahí sí terminó la historia.

 

¡O no!. Porque en medio del embole a los paraguayos se les cruzaron los cables con las sustituciones: en total cambiaron durante el partido al arquero Riquelme; al futuro entrenador de Inter de Milan Heriberto Herrera por Gavilán; Alejandro Arce (el del botellazo al público) por Jorge Romero y a Mílner Ayala por Atilio López. En total cuatro: una más de las permitidas. Tan caótico fue el partido que nadie se dio cuenta: ni los paraguayos, ni los peruanos, ni el juez y ni siquiera los delegados, que en las actas oficiales del partido solo registraron tres cambios. Bueno, nadie salvo un periosida del diario “El Comercio“, que publicó dos días después la noticia en primera plana con el despiste paraguayo. La delegación de Perú se aferró a la ocasión al vuelo y protestó ante la organización del torneo, que al final les dio la razón: decidió sancionar a Paraguay dándole el partido por perdido. Ah, y expulsaron de toda competición sudamericana al delantero karateka Milner Ayala por tres años debido a la agresión al juez. Una ironía que un partido con tintes tan épicos se decidiera en el escritorio por una cagada administrativa.

Con este resultado, Perú quedaba de impensado líder transitorio con 5 puntos. Las siguientes dos fechas confirmaron la candidatura de Brasil al título con un 2-0 a Ecuador y un sufrido pero suficiente 1-0 ante Uruguay con gol de un tal Ipojucan ya terminando el cotejo. 6 de 6 para los brasileños (recordemos que eran dos puntos por victoria en esos lejanos tiempos), que en la cuarta fecha se enfrentaban contra los locales con la posibilidad de cuasi asegurar el título en caso de victoria. Los hinchas peruanos seguían con la ilusión intacta el andar de su equipo y el triunfo con la ayuda de su mejor jugador Víctor Escritorio ante Paraguay aumentó la expectativa por la posibilidad cercana del título.

La prensa peruana mostrando la selección local en momentos que cualquier maligno el día de hoy estaría aprovechando para sacar chismes (Fuente)

¡Y otra vez el partido de los peruanos terminó en tángana! (!). Ante otro lleno total los locales se impusieron sorpresivamente por 1-0 con gol de Navarrete. Pero al parecer la actuación del árbitro inglés Charles McKenna fue cuestionada por los brasileños, que terminado el cotejo rodearon al juez para hacerle vehementemente una crítica constructiva (constructiva de cara). Acá pasó algo parecido a lo del encuentro anterior contra Paraguay, con la diferencia que esta vez los agresores mostraron su nacionalidad con golpes a montón y a traición: para reforzar los argumentos brasileños el perdedor del Maracanazo Danilo le metió un pelotazo en la cara al juez, y cuando este caía aturdido llegó el futuro histórico Djalma Santos a rematarlo con una patada en la nuca. Esta vez sí les tenemos un registro fílmico del hecho:

El jjuez McKenna luego de escuchar lo que tenían que decir los jugadores brasileños

El asunto terminó sin más incidentes porque esta vez la policía se encargó de disolver todo intento de revolución evacuando a ambos equipos e imponiendo el orden en la tribuna. De todos modos los aficionados limeños estaban más ocupados en la celebración del histórico resultado (la primera victoria de su historia ante Brasil) y no pusieron atención a lo que pasaba con los indignados brasileños ni con el conmocionado juez británico. Porque aparte de la trascendencia del hecho en sí la selección peruana se colocaba a tiro de su segundo título sudamericano, que lograría en caso que le ganasen en la última fecha a Uruguay y se combinara esto con una derrota brasileña ante Paraguay…

…a propósito, ¿cómo iban los guaraníes? Después de la batalla contra Perú enfrentaron a Uruguay con un equipo disminuído por sanciones y lesiones (a propósito dice otra crónica paraguaya “El 12 de marzo enfrentamos a Uruguay. Fue uno de esos partidos de cincha y raja donde a causa de las patadas que nos dieron los peruanos ante la complacencia de un panzón árbitro inglés, hubo que recurrir a modificaciones radicales“… periodismo OBJETIVO). Paraguay empató con lo justo a dos goles con La Celeste y le ganaron días después 2-1 a Bolivia. Todo muy esforzado, muy sufrido, sin sobrarle mucho… llegaron a la última fecha con la lejana esperanza de ganarle a la ultrapoderosa Brasil (que había despachado 3-2 a Chile después de su derrota con Perú) y esperar una derrota de Perú ante la ya sin aspiraciones Uruguay, y así forzar un desempate ante los mismos brasileños. Si, igual que en la copa de 1949.

Y se les dio todo. Los peruanos pechearon miserablemente ante Uruguay perdiendo 3-0 y se despidieron del título. Y en un partido memorable la humilde y guerrera selección paraguaya derrotó 2-1 a Brasil, los igualó en puntos y obligó a programar un partido final de desempate por el título sudamericano. El héroe de la noche fue el delantero del Guaraní Pablo León, que entró por Atilio López faltando cinco minutos para terminar el cotejo y a los 89 metió el 2-1 definitivo. Y aquí nos detenemos un momento porque en muchas partes (como aquí, o aquí) se dice que el autor del gol fue el aguatero del equipo, al que el DT Fleitas Solich metió porque no había más reemplazantes… pero esto es falso. Así es como a veces se construyen las leyendas, con base en hechos notables y ciertos pero también en malos entendidos que resultan en versiones heroicas pero erróneas. Por ejemplo, es un hecho que esos cinco minutos de León fueron los únicos que jugó con la selección paraguaya. El delantero del Guaraní no volvió a jugar después con su selección, pero le bastó ese pequeño lapso de tiempo para convertirse en uno de los héroes del deporte paraguayo. Ahora, durante el torneo León cumplió el papel de “aguatero”: el compañero que le pasaba agua a los jugadores que estaban dentro del campo; y como el tiempo a veces es esa chica jodida que te cambia las cosas y te lava el cerebro haciéndote creer lo que no pasó nunca, con los años se deformó la historia a una versión más épica: que León no era jugador profesional sino, de verdad, el aguatero del equipo; y que Fleitas Solich lo metió a jugar esos cinco minutos solamente porque todos sus otros jugadores estaban lesionados. Pero nones:la verdad es menos heróica aunque también tiene su dosis de gesta.

El desempate se jugó cuatro días después y a diferencia de 1949, y por fin a la tercera vez, los paraguayos ganaron y se coronaron campeones de Sudamérica. Pero como era ya costumbre lo hicieron con más sufrimiento que ser hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata: después de colocarse arriba en el primer tiempo 3-0 dejaron crecer a los brasileños, que se colocaron 3-2 faltando 25 minutos. Pero los de la albirroja apelaron a la mística, a los huevos y al espíritu de los defensores de Curupaytí y aguantaron hasta el final para coronarse por primera vez campeones sudamericanos…

Mucha lambisconería y macramé con eso de “Viva el Perú” de los brasileños, pero después se mataron a pata con los jugadores locales. En la foto el mítico Zizinho es el de la P, el futuro bicampeón mundial Djalma Santos es el de la segunda V
Los paraguayos al llegar a su país como campeones de América

(Texto modificado del publicado originalmente por el mismo autor aquí)

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